jueves, 21 de abril de 2016

La desunión hace la debilidad

Decía Pascal que el hombre es una frágil caña pensante que se quiebra ante un pequeño soplo de la naturaleza, pero que aún así le engrandece la dignidad de su consciencia.
Del mismo modo, aunque sea sólo por ser conscientes, ya que es inevitable sentirse un poco ridículo al tener que señalar ciertas situaciones, y ya que es evidente que en la sociedad que nos ha tocado vivir parece que no sirve de nada porque a nadie le importa, tengamos al menos la dignidad de indicar varios aspectos de nuestra realidad como trabajadores del INE, que son similares a los de los otros colectivos, y que nos afectan directamente.

Pasividad ante las decisiones de la empresa

Se producen de manera habitual diversas noticias en nuestro trabajo, que van más allá de las preocupaciones habituales sobre los horarios festivos y otros asuntos de menor importancia, y estas noticias pasan por nosotros sin que apenas las apreciemos. Pongamos por ejemplo la sentencia que conocimos a mediados del mes pasado que declara nulas las modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo para este 2016. Nos llega a los trabajadores, a través de las diversas notas de correo de los sindicatos mayoritarios, que el INE va a recurrir parcialmente (?) esa sentencia y que se creará una comisión negociadora para tratar el asunto. Mientras tanto, los compañeros afectados por esa modificación continuarán afectados y desplazados de sus puestos hacia tareas de campo. 
¿Por qué admitimos de modo tan natural que esto sea así y ni siquiera nos sorprendemos de una situación que un juez ha tenido que señalar como injusta y contraria a la norma?
¿Cuesta tanto crear entre toda la plantilla de trabajadores la conciencia de que ante estas situaciones lo normal debería ser la contratación de personal para esos trabajos que se producen de manera prevista cada año?



La situación de los sindicatos

Por esta dejadez y también llevados por el temor que crea entre la clase trabajadora las constantes noticias sobre despidos y recortes de plantillas en todos los sectores (recordemos que hoy día el tener empleo se cataloga sin ningún apuro como un privilegio), hemos tomado como hábito el considerar a los sindicatos ya no como las agrupaciones de defensa de los intereses laborales que deberían ser sino como meros intermediarios entre los intereses patronales y los trabajadores. Así es costumbre que el empleado medio no se acuerde de los sindicatos hasta que no se le presente algún problema que necesite asesoramiento legal, por ejemplo. O para recibir cursos de formación, muchas veces de escasa utilidad y de dudoso método, pero que sumen puntos en traslados o concursos. O para arrimarse a quien le pueda ofrecer alguna luz en los oscuros y confusos procesos de oposiciones, además.
La parte patronal, por supuesto, debe estar encantada en que así sea y que el papel combativo de los sindicatos se vaya reduciendo progresivamente a ese inocuo papel. Les interesa, obviamente, y lo fomenta y es por eso que favorece esa relación de clientelismo.

Inmovilismo entre nosotros los trabajadores

El miedo que antes mencionamos ante las noticias diarias de despidos e impagos, los temores añadidos a la nueva situación legal que criminaliza las protestas y también la adaptación a este escenario de crisis que vivimos hacen que -en cierta forma- sea lógico que muchos de nosotros prefiramos no protestar y que tengamos excesiva cautela por no señalarnos.
Pero cabe pensar que, además, existe una causa mayor en esta situación de pasividad en que nos encontramos. 
Sabemos todos que en nuestro proceso de trabajo -como en los demás- somos los trabajadores quienes realizamos la tarea fundamental sin la que no podría tener lugar ningún resultado. Es decir, por muy bien administrada que se encuentre una delegación, por muy bien diseñada que esté una encuesta o por muy bien distribuida la tarea técnica, sin nosotros los encuestadores no habría datos que manejar en tablas, ni censo de población, ni trabajo de campo, ni elecciones, ni ningún otro producto o servicio que lleve a cabo el INE.
Sin embargo, es evidente que la situación es justo la opuesta: nuestro trabajo parece algo tan insignificante que es posible modificarlo al albur de las circunstancias, cambiar los puestos bajo un criterio o mantenerlos perpetuos por el criterio contrario, anunciar el paso de laborales a funcionarios sin explicar los motivos ni aclarar las condiciones, no importa.
Pensemos. ¿Quién sale favorecido de que no haya ninguna oposición a cualquier movimiento? Si no hay protesta ante cambios puntuales ¿esto detendrá o favorecerá que se tomen medidas más drásticas si alguna vez lo necesitan?

La desunión es la debilidad de los trabajadores


Sabemos todos que la única fuerza que poseemos los trabajadores como colectivo es la unidad. La desafectación y la división refuerzan esa posición de dominación de los intereses empresariales.

El individualismo, instalado en nuestras cabezas por el sistema mediante este proceso mezcla de temores y dejadez, nos convierte a nosotros los trabajadores en la mejor arma que las empresas poseen contra los propios trabajadores. 
Nos han hecho creer que es el más listo quien pasa desapercibido y logra mantener su posición "privilegiada" sin que se le toque. Si cada día nos desayunan con nuevas noticias de corrupción -pensamos- qué sentido tiene ser honesto o sentir empatía por los otros o demostrar solidaridad. 
Pero esto no es así. Quien alimenta el individualismo cree que se encuentra tocado por la fortuna o que pertenece a una clase superior y sin saberlo camina en el alambre de los intereses de otros. 
Es por eso que deberíamos considerar una tarea fundamental el impulso de la igualdad y la unión como elementos fundamentales de nuestra tarea, por nuestro propio interés y el de todos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Arriba y abajo era una serie de la tele

Sabemos todos que en los últimos tiempos se ha impuesto la moda de que las clases sociales no existen y de que el eje izquierda-derecha está superado. Como lo afirman personas superpreparadas y se ha extendido este uso a través de las grandes televisiones, no perderemos el tiempo aquí en discutirlo, que somos bastante menos preparados y nos leen cuatro gatos.

Sin embargo, parece ser que los que están en el extremo opuesto a los que trabajamos por un corto y escueto salario, llámese los de arriba, la casta o como quieran, no deben ver mucha TV y no entienden de modas, porque no se han enterado de esto y permanecen empecinados en ese molesto conflicto entre los trabajadores y los empresarios. No quieren ponerse de moda. Serán empresarios hipsters o con gusto por lo vintage.

Observad esta pildorita que nos manda nuestro amigo Rosell, presidente de la Patronal (en neolenguaje, jefazo de la asociación de los de arriba en nuestro país):



Ved que ellos, los de arriba, no se han enterado de que no hay tal conflicto, ni creen que las demandas entre empleados y empresarios sean situaciones puntuales, debidas a circunstancias especiales o malentendidos propios de malos empresarios o trabajadores displicentes. Más bien al contrario, creen que hasta los jueces deberían tener una mayor sensibilidad con los problemas de las empresas contra los trabajadores

Pero entonces ¿existe ese conflicto entre trabajadores y empresarios o no
Hace unos días, la alcaldesa de Barcelona pedía a los trabajadores del metro de su ciudad que abandonasen la huelga en la que se encontraban para poder sentarse a negociar con la empresa. Quizás aquellos trabajadores del metro no se habían actualizado y desconocían la nueva moda de los empresarios comprensivos, empáticos con los de abajo.

Seguid mirando a vuestro alrededor. Fijaos en la huelga de limpieza en Málaga. En la capital malagueña los empleados de la empresa de limpieza municipal, Limasa, llevan más de diez días de huelga. El ayuntamiento ha buscado trabajadores externos para retirar la gran cantidad de basura acumulada. Esto es, esquiroles, en el más correcto uso del término, como podemos comprobar en esta imagen de la RAE, en su primera entrada:



Los trabajadores solicitan una serie de reivindicaciones en el escenario de una situación que podéis ver en el bonito gráfico que adjuntamos a continuación. El gerente de la empresa, cuya situación privilegiada no se cuestiona en los medios, cobra además de los 8.000 mensuales otros 15.000 euros en productividad:





Pero por lo que hemos visto estos días en los medios y lo que nos ha llegado a través de las redes sociales, da la sensación de que los trabajadores de Limasa son unos privilegiados que se quejan casi por gusto y que, para colmo, con su mala conducta han perjudicado la imagen de la ciudad. De hecho los hosteleros malagueños (los de arriba, no los que limpian mesas o friegan platos), con el beneplácito de la señora presidenta de la Junta, llegaron a plantear que por culpa de esos trabajadores protestones se estaba perjudicando a toda la ciudad y a las reservas hoteleras para la inminente Semana Santa.

Incluso ha habido manifestaciones de ciudadanos que se oponían, con bastante vehemencia, a que los trabajadores de limpieza pudiesen reivindicar sus derechos mediante la huelga.

No son los únicos casos de enfrentamientos por causas laborales, ni mucho menos. Son muchísimos los casos, Coca-cola, Renfe, Extruperfil en nuestra provincia, etc, etc.

¿En qué planteamiento podemos situar los enfrentamientos entre estas agrupaciones de trabajadores y los empresarios? ¿Sería correcto hablar sólo de choques puntuales entre trabajadores demasiado exigentes y empresarios poco comprensivos?

Si lo planteamos en la situación de la inexistencia de conflictos ni de clases sociales, sino en un mero arriba y abajo y unas relaciones a veces mejores y otras peores y proponemos la solución no de un conflicto sino de una simple cuestión de buena voluntad, ¿quiénes salen ganando? ¿Los de arriba o los de abajo?

¿Y por qué los de arriba siguen empeñados en que hay un problema, pero ese problema sólo existe cuando va en sentido de abajo a arriba pero no a la inversa?

¿Es que nadie recuerda que Arriba y abajo era una bonita serie de televisión?






lunes, 7 de marzo de 2016

Día internacional de la mujer trabajadora

Un 8 de marzo más es necesario recordar la doble opresión que sufren las mujeres, la de clase y la de género.

¿De dónde viene la celebración internacional de este día?
Durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, en 1910, las feministas propusieron la celebración del Día Internacional de la Mujer, como reivindicación para luchar por la igualdad de derechos, en especial por el sufragio femenino. Es importante recordar que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, surgió como un evento de la mujer trabajadora y militante, que luchaba por derechos políticos y laborales "bajo la bandera del socialismo", para "unir nuestras fuerzas en la lucha por el socialismo" (Alexandra Kollontai).
Kollontai, además de lograr el voto en Rusia para la mujer y la legalización del divorcio y del aborto, hizo que el 8 de marzo fuese declarada fecha oficial (institucional) en la Unión Soviética, el primer país del mundo en hacerlo. En España tuvimos que esperar a 1936 para que eso ocurriese y la ONU no la declaró conmemoración oficial hasta 1975.

Clara Zetkin con Rosa Luxemburgo en enero de 1910 (Wikipedia)


En la actualidad, la progresiva privatización de los servicios principales , con mayor saña en los educativos y sanitarios, hacen más precarias las vidas las vidas de todos y en especial de las mujeres. No existen planes de igualdad en el aspecto laboral y las mujeres siguen protagonizando las peores cifras en materia de trabajo: peores salarios (30% menos que los hombres), mayores tasas de paro, mayor desprotección, horarios, salarios...


Esta discriminación nos afecta a todos. Supone el viejo juego capitalista de la separación de los trabajadores, de la desunión. Si para los capitalistas los trabajadores son meros instrumentos de producción, las mujeres no dejan de ser, además, simples productoras de prole, rebajadas a la servidumbre social y sexual.

La lucha de las mujeres es la lucha de toda la clase trabajadora, pues sin la igualdad y la unión de todos es imposible el progreso y la emancipación de la clase obrera.



"Abajo los mentirosos que hablan de libertad e igualdad para
 todos mientras existe un sexo oprimido". Lenin, 



Fuentes:
Blog del Viejo Topo http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2014/03/sobre-inditex-amancio-ortega-en-el-dia.html
Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Internacional_de_la_Mujer

miércoles, 17 de febrero de 2016

Discriminación a las mujeres empleadas...¿con un sólo hijo?

Nos encontramos hoy un comunicado del sindicato más representativo en la AGE "y con presencia creciente en el sector privado", esto es, el CSIF, en el que muestran su tajante oposición en cuanto a que la reforma de la Ley de Seguridad Social, a través de los últimos Presupuestos Generales, reconoce un derecho en las pensiones a las compañeras madres diferente a las que lo sean de un sólo hijo, entre otras desigualdades (cheque pensión, permisos por embarazo, conciliación).
Es tal su indignación que señala al Gobierno como culpable y se compromete a denunciarlo ante el Defensor del Pueblo.



Nos congratulamos de que los sindicatos mayoritarios se unan a la causa de la lucha por la igualdad y celebramos con agrado que sean tan reivindicativos contra el Gobierno. 

Si bien, puntillosos y pesados como solemos ser, nos gustaría señalar algunos matices sobre este asunto.

En primer lugar, los datos del pasado año de nuestros superiores de Eurostat indican que en promedio las mujeres europeas cobran el 16,4% menos que los hombres para el mismo trabajo.
Estas diferencias se ven también en los tipos de trabajo, con las mujeres insuficientemente representadas entre los directivos. También según nuestros compañeros estadísticos europeos, en la UE un tercio (33%) de los directivos eran mujeres en 2013, comparado con su representación de dos tercios de todos los empleados de administración de apoyo (67%) y de todos los trabajadores en los servicios y de ventas (64%). 


Si vamos a nuestro terruño y nos centramos en la AGE española, los datos no mejoran el panorama. Se añade además la situación de que en los diferentes sectores públicos esas discrepancias se señalan más significativamente, dado que son también empleados públicos los trabajadores de las Fuerzas Armadas , Policía y demás. Sin embargo es al contrario en los sectores sanitarios y educativos, donde la presencia femenina es superior. Podría hablarse, por tanto, de segregación en el sector público como añadido a las circunstancias anteriores.


Por otra parte, debemos recordar también que, aunque la cuestión de la desigualdad por el género estuviese superada, existirían aún muchos inconvenientes en la conciliación familiar, debido al retraso que hemos sufrido en materia de derechos laborales.
Observemos que el salario, el nuestro o el de cualquier trabajador, no incluye beneficios en los gastos cotidianos que supone el cuidado de hijos o de mayores o dependientes.

¿Qué parte del salario se lleva el gasto que supone enviar a los hijos a la guardería o al colegio o al instituto -no digamos en el caso de estudios superiores- y su cuidado cuando se trata de familias monoparentales o de parejas en las que ambos trabajan?
¿Qué parte de nuestro sueldo supone realizar los tratamientos de salud de hijos o personas a cargo en una situación de progresiva mengua de atenciones y personal sanitario?
¿Qué persona cabal es capaz, por último, de asumir la responsabilidad de ser padre/madre en una situación de precariedad laboral, con la permanente amenaza de la temporalidad, de la disponibilidad geográfica e incluso del paro o del desahucio?

Es por esto que desde nuestro modesta agrupación sindical aplaudimos a los sindicatos mayoritarios a que perseveren en esta versión reivindicativa que nos ofrecen acerca de esta discriminación en particular de las funcionarias con un hijo y les animamos a que la extiendan y propaguen la lucha al extensísimo campo de derechos laborales y sociales perdidos y a los que nos quedan por reivindicar, tanto de las mujeres que quieren ser madres como de las que no, tanto de las familias con uno como las de más hijos, pues los derechos no se negocian.





jueves, 28 de enero de 2016

Los datos de la EPA explicados para torpes

Debemos ser unos inconformistas los que vemos los titulares de hoy y no entendemos que haya titulares celebrando los últimos datos de la EPA, será que no estamos contentos con nada y nos quejamos por todo. "Año bueno para el empleo", dice El País. "Retrocede el número de hogares con todos sus miembros parados", comenta ABC.






Así que desgranemos los datos que la EPA aporta sobre el cierre de 2015 y observemos si es que somos unos torpes que no nos damos cuenta de las cosas:

  • Según datos de nuestra EPA hay 678.000 desempleados menos
  • A la misma vez, vemos que a finales del año 2014 la Tasa de Actividad (cociente entre la población activa y la población en edad de trabajar) era del 59,7% y esa misma tasa en finales de 2015 era de 59.4%, es decir, el porcentaje de personas activas y el de personas en edad de trabajar se ha reducido.
  • En 2015 la población activa ha descendido en 153.000 personas. ¿Encontraron trabajo? No, se desanimaron y ya no buscan o emigraron.

  • La industria ha perdido 55.000 ocupados, que van a servicios principalmente.
  • La ocupación desciende sobre todo entre los menores de 40 años.
  • El empleo a tiempo completo baja y el empleo a tiempo parcial sube (malpensados dicen que dos empleos parciales salen de destruir uno completo).

Resumiendo: el empleo sigue la deriva de la precariedad y la temporalidad, los derechos siguen perdidos en el limbo. ¿A qué esperan los políticos que han resultado elegidos en las pasadas elecciones para poner sobre la mesa condiciones sobre empleo para sus llevar a cabo sus pactos? 
Seguiremos informando.

viernes, 4 de diciembre de 2015

4 de diciembre, día de Andalucía

Para muchos andaluces es el día 4 de diciembre la efeméride del día de Andalucía, con preferencia a la fecha del 28 de febrero, día en el que el año 1980 se celebró el referéndum por la iniciativa de autonomía de nuestra tierra.
¿Por qué recordamos el día de hoy y lo relacionamos con Andalucía?

Manifestación del año 77 en Sevilla (Plaza Nueva esquina con Avenida Constitución)


El 4 de diciembre de 1977 era la fecha en la que se convocaba una gran manifestación en toda nuestra comunidad, reivindicando su autonomía. 
Es un día 4 de diciembre y en Andalucía las calles se llenan de manifestantes. Cuentan las crónicas que son cerca de dos millones de andaluces los que se echan a la calle a reivindicar su libertad y su autonomía. Sólo en Málaga el número alcanza los doscientos mil, que recorren las calles del centro de la ciudad de manera pacífica, las banderas blanquiverdes al viento.



Todo transcurre en un ambiente festivo, sin caer en las provocaciones de la extrema derecha, que pretende reventar los actos. Sin embargo, la manifestación en la capital malagueña no termina en el orden en que comenzó: al dispersarse la multitud hay gritos, carreras, botes de humo, confusión. Un disparo realizado por la Policía Armada alcanza por la espalda a un joven manifestante. Es un chico de apenas 19 años, se llama Manuel José García Caparrós. Sus compañeros cargan con el muchacho y tratan de llevarle al hospital, pero su vida se pierde por el camino.



  Este crimen -aún impune- se produce en el año 1977. Fue éste un año intenso en España. Se habían producido las matanzas de Atocha, las legalizaciones de PCE, CGT, CC.OO y UGT y las primeras elecciones democráticas. Se dividía la sociedad española en una derecha temerosa a los cambios que se estaban produciendo y que procuraba a toda costa mantener sus privilegios, frente a una izquierda activa y luchadora que, sin dejar de respetar el proceso democrático, movilizaba a las masas con sus reivindicaciones, y sobre todo hay un fervoroso deseo de dejar atrás las oscuras décadas de atraso fascista.
  Puede que hoy no se disparen ruidosas balas de plomo como en el 77. Pero en silencio sigue habiendo víctimas. Nos matan silenciosamente al condenarnos a formar parte de los seis millones de su ejército de parados, al explotarnos bajo salarios infames y condiciones abusivas, al defenestrar a las familias de sus casas, al exprimir nuestros bolsillos para extraer las monedas con las que pagan sus desastres financieros y al alimentar el miedo poniendo cadenas a nuestras reivindicaciones con sus leyes mordaza.
¿Hasta cuándo vamos a esperar para que nuestras calles se vean de nuevo ocupadas por millones de andaluces?

   Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos.
¡Andalucía, despierta! ¡andaluces levantaos!


Fuentes:
El texto en verde es extraído del blog de la agrupación local del PCE-Andalucía de Mairena del Alcor 
Las imágenes, del blog Del 4-D al 28-F

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA REPRODUCCIÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN

Vimos en una entrada anterior de este blog  cómo es el proceso de trabajo y las relaciones sociales de producción. Comprobamos que, en los sistemas en que los medios de producción están en manos de unos pocos, los dueños de estos medios se apoderan del trabajo ajeno y explotan a los trabajadores, de modo son ellos quienes fijan las normas de esas relaciones.



Nos preguntamos ahora, curiosos y críticos como somos, ¿cómo es que se mantienen ese tipo de relaciones sociales en el tiempo y perduran, pues es evidente que son injustas y producen graves contradicciones y acaban siendo, inevitablemente, relaciones de opresión?

¿Cómo hacen quienes controlan los poderes económicos para que ese orden se mantenga inalterable pese a producir incomprensibles desniveles de miseria o riqueza? ¿Es únicamente a través de la posesión de los medios de producción?

Quienes controlan los medios de producción poseen por tanto en sus manos el poder económico. Y quien controla el poder económico puede manejar a su vez otros aspectos de la sociedad. 

El Estado, aunque quieran hacernos creer lo contrario, no es un elemento neutral. El Estado sirve siempre a quienes sostienen el poder económico. Las Fuerzas Armadas son utilizadas por los gobiernos para reprimir a los trabajadores, siguiendo una justicia desigual según sea para los pobres o para los poderosos. Sirva un ejemplo: si un banco comete una irregularidad habitualmente logra eludir un proceso; pero si un trabajador deja de pagar su hipoteca por un tiempo, la policía se encargará de desahuciarle por la fuerza para proteger los intereses del banco. 
'Intento de desahucio', Premio Nacional de Fotoperiodismo ANIGP-TV 2013. Foto: Chema Moya

Los dueños de los medios de producción, al tener en sus manos el poder económico, tienen en sus manos el Estado con todo su aparato: fuerzas armadas, policía, aparato judicial, funcionarios del Estado, etc. Tienen en sus manos, por tanto, no sólo el poder económico, sino también el poder político.

Además, los dueños de los medios de producción más importantes controlan las radios, los diarios, los canales de televisión, etc, es decir, los medios de comunicación de masas. Y también controlan el contenido de los programas de educación en sus distintos niveles.

Un conocido banco compró todas las portadas de los diarios en enero de este año


A través de éste control de los medios que educan y difunden ideas, engañan al pueblo convenciéndolo de que el sistema de explotación en que viven es bueno, y que si ellos están en malas condiciones no se debe al sistema, sino a defectos de tipo individual: pereza, falta de capacidad intelectual, etc. A este control de los medios de difusión y de educación lo llamamos poder ideológico.



En toda sociedad entendida como modo de producción, señalamos dos niveles fundamentales: el nivel económico y el nivel jurídico-político-ideológico.
De estos dos niveles, el nivel económico es el que desempeña el papel fundamental dentro de la sociedad, es la base sobre la cual se eleva todo el edificio social.
Por ello llamaremos infraestructura a este nivel económico. Al otro nivel, formado por elementos jurídico-políticos (Estado, derecho), e ideológicos (ideas y costumbres sociales), lo llamaremos superestructura.
Por otra parte, como hemos visto, la infraestructura determina a la superestructura. Esto quiere decir que el Estado, las leyes, las ideas que se difunden en una sociedad no son elementos neutrales, al servicio de todos, sino que están al servicio de la infraestructura económica, permitiendo que ésta se reproduzca sin cesar.

dibujo de Stephanie McMillan

Texto basado en Cuadernos de Educación Popular, nº 1, de Marta Harnecker.